Esas aguas: Fragmentos

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Los ojos muertos como perdidos en el mar, la oscura inmensidad que perfora las almas vagabundas en las calles hambrientas de Buenos Aires, la apatía y el desamparo de muchas noches ruidosas de soledad, son a veces el disfraz en esta fiesta sin invitados: la vida.         
Metáforas que sirven a los que creen que los ojos son espejos del alma.
El mar, sus aguas verdes como un fiel espejismo del cielo son la vitalidad que alimenta a las aves que no dejan que el tiempo las posea, solo aprenden durante años a volar.
Ese mar, que lleva la calma a las playas lejanas  sepultando secretos, aliado del viento y la sal. Eleva las olas desafiando tormentas, arrastrando la mente de los hombres que en el muelle miran, miran y viajan para internarse en ese universo que los desnuda de grandeza.
Pobres mentes que persisten en entender al vasto mar y los misterios que en él duermen.
La marea contempla la luna y obedece.
El viento corre y arrasa con toda la calma que ya es recuerdo y el mar, soberbio, actúa para él. Remueve sus alas y abraza todo lo que encuentra.
Las aves se refugian en su vuelo, los misterios en el sueño, la calma se hace olvido en las playas lejanas y el muelle tiembla pero, inmóvil, resiste los latigazos de agua y sal.
El viento se abre paso ante el dolor; el muelle, que es el tiempo, sangra ante sus ojos y un ardiente alivio como el fuego que acaba con la escoria, llena sus manos y las seca por un instante y es suficiente.
Los hombres que miran la ventana abierta de los tiempos, no advierten que lo que ven, no es delante, sino dentro de ellos. Ese universo, el mar, el sueño y el corazón buscan inciertos mientras en los confines, el despertar aguarda ser hallado.
Pobres mentes que intentan comprender los designios de Dios y los caminos de su amor.
Los hombres miran y viajan, como perdidos en el mar, y son un suspiro en la gran obra, un átomo en la eternidad.

Tríptico en forma de lluvia


- I -

No dejes de mirar el sol, mientras puedas.
No ignores la clara luna,
descubriendo tu cuerpo oscuro
como la noche infinita.
No importa que abandones las palabras
en ese gran vacío abismal de tu mente.
Solo disfruta de la luz.
Solo persiste hasta el final,
vestida de estrellas.
Corre descalza, hasta el confín de tus sueños.
Luego de los míos.
Yo sé que la distancia
es una gran nube eterna; pero
deja que tu alma flote en la profundidad de la lluvia
y esa calma nos unirá,
en nuestro corazón.


- II -

Cielo de Abril,
entibia tus manos para tomar,
una mueca de este corazón
y un río de inocencia te cubrirá.

Gotas de lluvia,
mi nena espera su música;
como en las flores,
cuando endulzan sus pétalos...
al caer. 


- III -

Sin decir una palabra;
miro el techo de mi habitación
fundido en una tenue luz mientras
tu sombra ronda por aquellos lugares
imposibles de llegar, si no es en sueños.
¿Y si acaso cerrara mis ojos
intentando dar un paso hacia tu puerta?

Sin dejar caer mis párpados;
miro también como las gotas
caen a la deriva,
y hallan su muerte sobre mi ventana.
Quizás al nacer,
alguien les advierta que el final,
aguarda con sus manos  
en este precipicio.
Es la resignada forma de la lluvia.

Sin dejar caer mi cuerpo;
miro el abismo asomar sus garras.
Son densos los días que nos acechan.
Miro el desierto,
y esa planta que no ha florecido aún; 
pero, sin saberlo, lleva por dentro
la fuerza de las flores.

¿Por qué siempre tendemos
a mirar a nuestro alrededor,
y no podemos ver nuestro propio corazón?
No entiendo por qué mis labios
enmudecen antes de decir tu nombre;
y mi mente queda absorta en su laberinto,
cuando quiero decir que te amo.


Es como la resignada forma de la lluvia.    

 
Esas aguas

Viejos gusanos del tiempo
Mis dedos hoy no florecen
El cactus creció en mis entrañas
Lejos del desierto aquel que lo reclama

Las luces destilan poesía amarga hoy
Duelen los pétalos de mármol, al caer
Tus ojos  topacio se nublan
En el paisaje enfermo de los míos

Viejos gusanos del tiempo
Duerman y mueran en las barbas de la noche
La tormenta cesa pero la escoria se arrastra
Oscura, obtusa, demacrada y triste larva.

Ruego y espero por la lluvia celeste
Sangran los navíos en su dura pena
Cristales rotos en un océano de agonías
Naufraga la razón entumecida


Ruego y espero por la lluvia celeste
Ruego y espero por el mar que mece
La luna  plateada de los desamparados
Esas aguas que anestesian mis manos.